Un grupo de personas estaba homenajeando a una persona que no se lo merecía cuando un grupo de descerebrados decidió que aquello era sólo una provocación intolerable. El resultado es de ocho muertos, entre monstruitos y simpatizantes y un clima de alarma popular en el que no faltan agoreros que predicen horribles pogromos contra los transhumanos de aquí en adelante. No hay duda que el asesinato de esas ocho personas es un hecho desagradable y condenable, pero de ahí a convertir a los monstruitos en víctimas de una persecución sistemática y organizada hay un paso muy grande. Paso que algunos dan alegremente con el fin de proteger a sus amiguitos los raros.
El grupo que ha reivindicado la autoría de los hechos, los Centinelas Europeos, era desconocido para el gran público y por lo que sabemos puede tratarse de una banda juvenil con serios problemas de adaptación social. Sin embargo prestos han saltado los progres a acusar a esta extraña “entidad” de conexiones con el Partido Tradicionalista, que según los cerebros preclaros e izquierdosos sería el titiritero que mueve los hilos de los Centinelas. Como teoría de la conspiración es como poco interesante, el único problema es que no hay pruebas que la sustenten, así que me temo que por muy buen argumento para una novela que se hayan imaginado algunos la realidad es mucho más prosaica.
En estos casos hay que dejar actuar a la policía que, recordemos, sigue siendo una de las más eficientes del mundo. No me cabe ninguna duda de que en breve descubriremos que los supuestos nuevos creadores de la Solución Final son unos chavales descastados sobre los que debe caer el peso de la ley por sus crímenes, pero distarán mucho de ser unos maquiavelos con ganas de desestabilizar la sociedad europea (o al menos a los monstruitos que en ella viven). Todo lo demás, es jugar a guionista de Bollywood.
